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Orígenes del Tantra




Había una vez, en un tiempo donde el alba de la humanidad se confundía con los susurros de la naturaleza, un conocimiento llamado Tantra. Esta sabiduría, más antigua que los mismos cantos védicos, había permanecido oculta, guardada en los corazones de quienes la practicaban, sin dejar rastro en los papiros ni en las piedras.


En esos días, las personas vivían en una danza íntima con la tierra, el agua y el viento. Se movían al ritmo del mundo, sin las cadenas de normas y estructuras. No eran las reglas de una sociedad, nación o religión las que guiaban sus pasos, sino la búsqueda interna de una evolución que trascendiera lo mundano. Ansiaban un estado superior en la vida, un propósito que iba más allá de lo que la sociedad imponía. En un mundo donde muchos buscaban glorias terrenales, estos pioneros del Tantra buscaban la esencia espiritual.


El sistema tántrico no nació de grandes consejos ni de edictos reales. Surgió, más bien, como un río nace de pequeños manantiales: de forma natural, espontánea, de las almas individuales. Así como el hambre lleva al hombre a buscar alimento, el deseo de comprensión llevó a cada practicante del Tantra a explorar y descubrir.


A medida que la humanidad experimentaba consigo misma y con el cosmos que la rodeaba, crecía y cambiaba, surgieron preguntas, maravillas y misterios. ¿Cómo era posible soñar con un hecho antes de que sucediera? ¿Existiría acaso una mente superior, libre de las ataduras temporales? Estas cuestiones llevaron a la gente a buscar, a experimentar, a conectarse más profundamente con el universo y consigo mismos.





Esta sabiduría ancestral brotó en todos los rincones del mundo, sin seguir un patrón fijo. Su desarrollo se veía influenciado por las circunstancias locales y las enseñanzas de distintos yoguis tántricos. Desde las llanuras de la India hasta las montañas de México, se tejieron historias y prácticas. Algunas usaban cantos y mantras, otras se sumergían en rituales bajo la luna.


Sin embargo, en sus primeros días, el Tantra era como una melodía sin partitura, hermosa pero sin estructura. Hasta que, tras el periodo védico, visionarios espirituales vieron el potencial infinito del Tantra. Decidieron, entonces, plasmarlo en textos, dándole forma y significado. Cada uno con su interpretación: algunos veían en él la austeridad y la pureza, otros el poder de la meditación, y otros aún la fuerza de la devoción y el amor.


El Tantra, lejos de ser una filosofía estancada, se reinventa constantemente para responder a las necesidades de la época. Los antiguos textos tántricos se desvanecerán, pero siempre surgirán nuevos para reemplazarlos, manteniendo la esencia pero adaptándose a las condiciones sociales. Su capacidad de evolución y adaptabilidad es lo que lo hace majestuoso. El Tantra, que ha transitado y evolucionado a través de las edades, promete seguir creciendo y adaptándose a las demandas futuras de la humanidad.


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